Ciclo de contaminación

La minería de carbón se ha constituido en una fuente importante de recursos económicos para países en desarrollo que dependen en gran medida de la exportación de recursos naturales. Sin embargo, los efectos ambientales derivados de la extracción, transporte y almacenamiento suelen ser negativos para el ambiente y las poblaciones circunvecinas, razón por la cual se ha considerado a este combustible como el mayor contaminante durante todo su ciclo de vida, aportando cantidades importantes de sustancias como el monóxido de carbono, metano, material particulado y residuos sólidos.

Calidad del agua

Teniendo en cuenta la posible influencia de la explotación minera sobre las características fisicoquímicas del agua superficial y subterránea disponible en la zona, fueron establecidos 22 puntos de muestreo en áreas aledañas a los principales centros de explotación de carbón en el sur de La Guajira. Los puntos de muestreo fueron clasificados en dos subgrupos teniendo en cuenta las características de la fuente de agua, estando conformado el primer grupo por 14 sitios pertenecientes al Río Ranchería y algunos de sus tributarios. El otro grupo lo constituyeron siete sitios de muestreo, en los cuales se tomó agua de pozos subterráneos y tanques de almacenamiento de agua.

Agua de consumo

Las fuentes de agua de consumo de las comunidades son variadas. Mientras que miembros de algunas comunidades étnicas consumen agua a través de pozos profundos, otros consumen agua del arroyo Bruno o del río Ranchería, como también se dan los casos en que se usan ambas fuentes hídricas, o incluso optan por gastarse considerable porcentaje del presupuesto familiar para comprar agua del acueducto de Barrancas por desconfiar en la calidad de agua de los pozos puestos a su disposición.

Calidad del aire

Según un análisis del documento Conpes 3344 de 2005, una de las mayores causas de contaminación del aire son los combustibles fósiles. Esta aseveración fue tomada en cuenta por la Corte Constitucional en la sentencia T-154 de 2013, en donde se le ordena al Ministerio del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible a que siga las recomendaciones de la OMS (Organización Mundial de la Salud), a que se mida y controle de manera constante la emanación de las partículas que provienen de la explotación minera.

En la Resolución 2254 de 2017 del Ministerio del Medio Ambiente, “por la cual se adopta la norma de calidad de aire”, queda establecido que los topes de las macropartículas (PM10) no deberían pasar de 50 µm/m3 al año. Sin embargo, aún se queda corta, pues lo que indica la OMS desde 2006 es un ideal de 20 µm/m3 al año.

Fauna afectada

La investigación también se centró en los efectos de la explotación minera en la fauna de la zona. Los resultados de la Universidad de Cartagena afirman que animales como las iguanas, provenientes de las comunidades Tamaquito II y Provincial, han tenido mayor grado de exposición a los contaminantes ambientales, lo cual ha desencadenado procesos de metabolización de xenobióticos en el hígado, situación que está asociada con la inhalación de sustancias contaminantes derivadas de la actividad minera.

Impactos en la salud

Un total de 47 elementos químicos fueron analizados en agua y sedimentos. Algunos de ellos no generan riesgos a primera vista, pero ingeridos de forma recurrente pueden afectar la salud de forma severa; otros, que de por sí su nombre es advertencia de alto riesgo.

El plomo es un metal tóxico presente en casi la totalidad de matrices abióticas y en los seres vivos. Puede acumularse en los huesos, produciendo osteoporosis. Impacta también en el cerebro, pues contribuye a la muerte de las neuronas; genera desórdenes neurológicos (como la encefalopatía); reduce la velocidad de conexión entre las neuronas y afecta a la capacidad cognitiva; puede causar anemia e interfiere con el transporte de oxígeno en la sangre, reportándose además toxicidad renal, conducente a nefropatía y aumento de la presión arterial. Puede afectar la reproducción de hombres y mujeres.

Cuando ingresa a los sistemas biológicos, este elemento tiene la capacidad de competir con el calcio, de gran importancia para muchos procesos celulares, remplazándolo en las proteínas transportadoras y los canales celulares de intercambio iónico. Esta condición permite que el cadmio ejerza un papel importante en la inhibición enzimática. Las manifestaciones clínicas de la intoxicación con cadmio van desde la alteración del sistema urinario, hepático y pulmonar, hasta la generación de vómitos y diarreas, siendo la ocurrencia de hipertrofia coronaria, hipertensión, y enfermedad crónica obstructiva, indicadores de exposición crónica.

La exposición al polvo de este metal provoca ulceraciones de la mucosa nasal.

Constituye uno de los denominados micronutrientes, ya que juega un papel importante para el funcionamiento de algunas enzimas e interviene en la producción de material genético, como el ácido ribonucleico (ARN), y es considerado esencial para normal desarrollo del sistema nervioso; sin embargo, el exceso de este elemento en las células puede generar estabilización de la cadena del ADN y de las membranas celulares. Dentro de las manifestaciones toxicológicas de este elemento se destacan la diarrea, producción de fiebre, náuseas y escalofríos.

La exposición crónica a este elemento genera neurotoxicidad y también efectos teratogénicos en animales experimentales. Es advertida su relación causal con el cáncer de piel y pulmón.

Se utiliza en algunas aplicaciones médicas, como el tratamiento de la depresión. Sin embargo, se considera un elemento poco nocivo, aunque la exposición prolongada a este elemento puede generar temblor, dificultad en el movimiento (ataxia), altercación de la memoria, déficit de atención, afectaciones en el campo visual y de la ubicación espacial, así como nefrotoxicidad.

La exposición a este elemento se da por vía inhalatoria, ingestión o contacto dérmico; a partir de estas vías pueden ingresar al cuerpo, los compuestos de níquel tales como el sulfuro de níquel, óxido de níquel y níquel metálico, los cuales representan un gran peligro para las personas, debido a su alto potencial carcinogénico, especialmente en el pulmón y la nariz.

Hace parte de los elementos esenciales para el funcionamiento del cuerpo humano. A pesar de ello, puede resultar tóxico cuando se ingieren altas dosis, produciéndose vómitos, acidosis metabólica, trastornos en la funcionalidad del hígado, los riñones y alteraciones de la coagulación sanguínea.

Los efectos de este elemento dependen en gran medida de la solubilidad que tengan los compuestos formados por este metal; por lo tanto, la ingesta de agua con una alta concentración de estos compuestos puede causar ataxia, alteración en los reflejos nerviosos, dificultad respiratoria, incremento de la presión arterial, e inflamación del hígado y el cerebro; así como nefrotoxicidad y cardiotoxicidad.

Ingerirlo en exceso puede causar problemas de toxicidad aguda, con manifestaciones que van desde las náuseas, vómito y edema pulmonar, hasta el colapso cardiovascular. La exposición crónica a este elemento produce selenosis, afectando la piel y en el sistema nervioso. Otros efectos de la intoxicación por selenio son la pérdida del cabello, uñas de las manos, decoloración de los dientes y hemiplejia o parálisis de la parte contralateral del cuerpo.

Es un elemento esencial para el hombre y los animales, de utilidad para el metabolismo de carbohidratos, lípidos y proteínas. Actúa como cofactor de varias enzimas. Cuando se excede su concentración normal en el cuerpo, puede causar neurotoxicidad, conocida como manganismo, determinada en cierta medida por el estrés oxidativo causado por este metal. Su ingreso al cuerpo puede darse por vía inhalatoria, principalmente en trabajadores que se exponen a aerosoles que contienen este elemento, aunque también se da por la ingesta de agua contaminada con este metal. Lo que también genera la manifestación de manganismo, que en sus fases iniciales se manifiesta mediante la recurrencia de dolores de cabeza, insomnio, perdida de la memoria, calambres musculares e inestabilidad emocional.

Desaparición de fuentes hídricas

No son pocas las fuentes de agua que las comunidades denuncian que han desaparecido por la actividad minera. Con el beneplácito de normas emitidas por instituciones como la Corpoguajira (Corporación Autónoma Regional de La Guajira), arroyos, jagüeyes (pozos naturales que se alimentan de aguas subterráneas y de lluvia) y ríos subterráneos se han secado y desaparecido. Los que han sido desviados, su curso y fuerza natural ha disminuido drásticamente.

Pese a esto, la actividad sigue. Son varias las resoluciones de la ANLA emitidas de 1991 a 2015, que le han dado la facultad a Cerrejón de desviar ocho cuerpos de agua, 7 de ellos que nacen de la Serranía del Perijá, y el otro de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Huella minera 1986 - 2034

CONCLUSIONES

Se necesitan acciones correctivas de política pública para rescatar al río Ranchería y sus tributarios, pues existe un riesgo de daño ambiental relacionado con la actividad minera. Está relación también vulnera el derecho a un ambiente sano para las comunidades.

De la misma forma, a los pobladores también se les vulnera el derecho al agua, en lo que corresponde a la calidad de ésta, y por ende también se afectaría su derecho a la salud.

La actividad minera no es la única que contamina el río Ranchería y sus acuíferos. Sin embargo, los estudios de las universidades de Cartagena y Koblenz-Landau (Alemania), junto a los ICA (Informes de Cumplimiento Ambiental) de la empresa, muestra la existencia de metales de potencial contaminación en las lagunas de vertimiento de agua industrial, lodos industriales que se depositan en los botaderos y los lixiviados.

Hay presencia de metales pesados en concentraciones que pasan los límites establecidos para conservar flora y fauna de río en clima cálido (según Decreto 1594/84, Artículo 45).

Las aguas del río Ranchería contienen metales pesados como plomo (Pb), cadmio (Cd), bario (Ba), manganeso (Mn), hierro (Fe) y zinc (Zn), que sobrepasan los máximos establecidos por la legislación nacional (Decreto 1594/84, Artículo 45).

En cuanto al examen en la calidad de aire, se han pasado los límites fijados en las normas nacionales, como la Resolución 610/2010,  y por las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud de 2006, cuya implementación fue ordenada en la sentencia T-154/13 de la Corte Constitucional.

El PM10 son partículas microscópicas dispersas en el aire, cuyo diámetro es menor que 10 micras (10 µm), entendiendo que una micra es la milésima parte de un milímetro. Los datos reportados por Cerrejón muestran niveles cercanos a la normatividad nacional, que indica no pasar de los 50µg/m3, pero lejanos a las indicaciones de la OMS, que recomienda no sobrepasar los 20µg/m3. Aún no se tiene en la cuenta la sentencia T-154/13, en donde se ordena ajustar la norma a los valores de la OMS.Tanto Cerrejón y Corpoguajira están encargados de la supervisión y control de la calidad de aire. Sin embargo, en algunos territorios en donde coinciden sus estaciones de rastreo las cifras no son las mismas. Hay sectores, como el resguardo de Provincial, en que los datos arrojan 37µg/m3 para Cerrejón y 71µg/m3 para Corpoguajira. En Las Casitas, la inconsistencia es igual: 41µg/m3 para la  minera y 91µg/m3 para la entidad territorial. Más del doble de diferencia merece que se haga un análisis más profundo de esta situación.

Descarga el informe de la Universidad de Koblenz-Landau aquí

Descarga el informe de la Universidad de Cartagena aquí